sábado, 12 de noviembre de 2016

Drama clásico.


Derek Cianfrance me sorprendió mucho con Blue Valentine, un crudo análisis del principio y el final de una relación, que me pilló por sorpresa y me destruyó un poco. Su siguiente película, Cruce de caminos, me sorprendió de nuevo gracias a una publicidad engañosa pero efectiva, que me hizo esperar algo totalmente distinto a lo que me encontré. Esperaba una historia de crimen y me encontré un drama sobre las relaciones entre padres e hijos y las consecuencias. Con esos precedentes, y teniendo de protagonistas a Michael Fassbender y Alicia Vikander (que son dos de los mejores actores trabajando ahora mismo), cuando se anunció La luz entre los océanos se me hinchó el hype. Incluso después de que las críticas no fuesen demasiado benevolentes con ella, el hype seguía allí. Y ayer pude verla y... es la que menos me ha gustado del director, pero no es ni de lejos una mala película. Es una cinta con problemas, sí, pero me parece que sus puntos positivos son ampliamente superiores a los negativos.

Pero no nos adelantemos. La luz entre los océanos nos cuenta la historia de un veterano de la gran guerra interpretado por Michael Fassbender, que tras cuatro años traumáticos luchando en Francia decide aceptar un trabajo como farero en una remota y aislada isla inglesa. Allí conoce a la hija del ¿alcalde? interpretada por Alicia Vikander, se enamoran y comienzan una vida juntos. Y luego les pasan un montón de movidas que no quiero contar porque aunque no sean spoilers (salen en el trailer -no deberíais ver el trailer) siento que la experiencia se vería beneficiada si no sabéis.

Encuentro en el cine de Cianfrance ciertos lugares comunes y una repetición casi obsesiva de los mismos temas. Temas como el amor, las relaciones y los hombres dispuestos a sacrificarlo todo por esas relaciones. También, a nivel algo más profundo, hay en las tres películas del director una obsesión con las consecuencias. En las tres películas los protagonistas toman alguna decisión que los condena a pasar penurias en el futuro. Sin embargo siento que estos temas estaban mucho mejor explorados en las anteriores cintas del director que aquí, o al menos estaban explorados de un modo mucho más interesante, introspectivo y modesto. Porque esta es la película más ambiciosa (su primera película costó un millón, la anterior 15 y esta 20) y siento que quizás eso es lo que la condena. El director le da un tono muy clásico a la historia y busca contar un drama más grande que la vida, apostando por el melodrama en lugar del intimismo y privacidad que reflejaban sus anteriores trabajos y que siento que le funcionan mejor.

Pero, y la cosa es importante, está dirigida de forma impecable, con una fotografía maravillosa y unas interpretaciones por parte de todos los implicados absolutamente brillantes. Fassbender y Vikander están increíbles en esta película, y salvan los momentos más melodramáticos, culebronescos y de película de domingo de la tarde gracias a que ellos funcionan. Y, al menos para mi (aunque entiendo que para mucha gente no), salvan una película que en otras manos habría sido un desastre absoluto. También creo que influirá en vuestra opinión la importancia que le deis al tercer acto y al final, porque es ahí donde están casi todos los problemas. Durante dos tercios la película funciona muy bien, incluso a pesar de que tarde en llegar al conflicto central casi una hora, pero es en el tercer acto cuando todo se vuelve loco y muy melodramático y el final, un final quizás demasiado dulce para el tono general de la cinta, terminará de matar la película para mucha parte del público.

No quiero decir con esto que sea una mala película, si no que no es una película que vaya a gustar a todo el mundo. A mi personalmente me encantó, y creo que cuando quiere ser buena es maravillosa (todas las escenas de ellos con la niña o la escena del piano) pero es innegable que es quizás demasiado larga, porque su estructura novelesca que tan bien funcionaba en Cruce de caminos aquí se hace algo agotadora, y que tiene un final (hablando rápido y mal) de mierda.

A España llega en Enero del año que viene según IMDb, y personalmente os la recomiendo encarecidamente. Es un drama con un sabor muy añejo, y si sois de los que el drama clásico os gusta, creo que disfrutaréis de esta La luz entre los océanos a pesar de sus múltiples pegas.

martes, 1 de noviembre de 2016

Especial de Nochevieja


A lo largo de mi vida he salido mucho. Lo suficiente para saber que las mejores noches, las que siempre terminan siendo las más divertidas, son las que surgen de pronto, las que uno no planea. Se que suena a cliché, pero es cierto, son esas noches que no esperas las que terminan llenas de aventuras. Por contra, las noches que uno planea mucho, esas que de verdad uno quiere que terminen funcionando, son las que fracasan estrepitosamente.

Mi Gran Noche no es la gran noche que aventura el título. No es una para el recuerdo, una a la que siempre volveremos, de la que sacaremos anécdotas que contar para toda la vida. Mi Gran Noche es una de esas en las que querías que saliesen bien y al final terminaste vomitando en el baño de tu casa antes siquiera de salir.

La última película de Álex de la Iglesia, se queda a medias de todo, y sí, es divertida, y a veces hasta te ríes, pero al director vasco le hemos visto trabajos mucho mejores. Tanto a nivel de guión como de dirección y empaque general del conjunto. Esta película parece una frivolidad, un gusto que se ha querido dar, un chiste privado que quizás no deberíamos haber visto.

Me cuesta resumir la trama de la película, lo que no suele ser buena señal, y en este caso ya delata cual es el problema principal del film; Durante la grabación de un especial de Nochevieja, diferentes personajes se encuentran y les ocurren diferentes cosas. Y realmente esa es toda la sinopsis que puedo hacer sin entrar a destripar todas las tramas, porque realmente ninguna de las historias tiene más peso que la anterior, ni ninguna parece de verdad la trama de verdad.

Quizás sea la de Raph-perdón- la trama de ALPHONSO la que se supone que es la principal, pero esta trama no tiene nada que ver con ninguna otra, apenas tiene contacto con el personaje al que interpreta Mario Casas, o al que interpreta Pepón Nieto, y desde luego no altera sus historias de ninguna manera (del mismo modo que no altera de ninguna manera esa subtrama política rara que aparece en un momento dado). Si dijese que es la trama principal solo lo diría porque la película se llama "Mi Gran Noche" y en el póster sale, sobre todo, Raphael, ahí, bien grande. Porque más allá de eso... es que simplemente no lo es.

En serio que me resulta complicado hablar de todo esto, porque es una película tremendamente confusa y con una falta de identidad alarmante. Y no se que es lo que quiso decir el director cuando la hizo, en serio.

Si fuese un homenaje a la caspa y un tributo al cantante de Linares, si la película se centrase de verdad en él, su personaje, su relación con Adanne y la trama del intento de asesinato, podría pasar por algo parecido a una película y no una serie de relatos cortos que leemos en desorden. Pero en su lugar opta por interrumpir continuamente lo que parece "algo" con una serie de cosas que no aportan nada. La trama romántica, la discusión entre los presentadores, el comentario sobre la corrupción política o lo del semen.... no aportan nada, y ni siquiera a nivel temático, que podría ser una excusa, tienen correlación.

¿Es el nexo central la indecisión de sus protagonistas? ¿El no tomar riesgos? ¿Es en realidad una película sobre como debemos controlar nuestras vidas? Lo digo porque de verdad, ese parece ser el único nexo de unión. Y eso si me pongo a rebuscarlo mucho. Lo único que une a las regidoras, Pepón Nieto, Mario Casas o al asesino, es que sus vidas están controladas por agentes externos (el agente de Adanne, Yuri, el personaje de Santiago Segura o todo el mundo en el caso de Pepón Nieto). Pero ni siquiera ese parece un nexo temático entre las historias. Solo lo es porque yo quiero, y de verdad quiero, encontrar una conexión entre todo lo de más.

Podría destacar el papel de Blanca Suarez (en general todos los de la trama de la mesa están bien) o incluso el de Mario Casas, que resulta mucho más tolerable en comedia que en drama. Podría hablar de... no sé, Carmen Machi, que siempre está bien, o Jaime Ordoñez, que a veces resulta fingido pero aquí funciona particularmente bien. O podría alabar la labor de Raphael, que se divierte muchísimo con su personaje absurdamente villanesco, y que tiene más carisma que nadie en todas las escenas que sale, pero... para qué.

Al final la película de de la Iglesia es un pastiche confuso que empieza y termina sin tomar una decisión clara acerca de nada. Es una tontería y una frivolidad, ¿Es divertida y graciosa? Por supuesto, pero el director vasco y Jorge Guerricaechevarria (el guionista con el que ha trabajado toda su vida) llevan demasiados años metidos en la comedia como para no saber una cosa o dos de humor o timing, y ya no es suficiente con eso. Si Mi Gran Noche fuese su segunda película, y hubiese salido hace una década, justo después de Acción Mutante... tendría un pase. Se le perdonarían ciertas cosas, pero que hemos visto trabajos mucho mejores de esta gente.

Como los especiales de Nochevieja de los que se ríe, Mi Gran Noche es una mediocridad que desearíamos que fuese mejor, y de la que no nos acordaremos nunca.

lunes, 24 de octubre de 2016

El problema de Flash.



Abandoné Flash poco antes de la mitad de la segunda temporada. Podría mirar el episodio exacto, pero no viene al caso. El tema es que verlo semana a semana era muy pesado, los horribles guiones y los personajes terriblemente escritos no compensaban las pocas cosas rescatables que tenían (como la falta de vergüenza a la hora de abrazar tropos superheroicos o un gran villano en esa segunda temporada que tuvo una introducción realmente aterradora). No tenía intención de ver más. Había terminado con las series de supers de CW.

Sin embargo, cuando hace como dos semanas subieron toda la temporada completa a Netflix (al menos aquí en Colombia, no se en España), y en vista de las buenas críticas que tuvo esa segunda temporada, decidí volver a darle una oportunidad. Y la terminé viendo entera, la verdad.

Con esta entrada no quiero hacer una crítica de la serie ni mucho menos, así que voy a resumir mi opinión de la serie (para pasar a centrarme en lo que de verdad quiero centrarme); La segunda temporada de Flash es mejor que la primera en ciertos aspectos, pero arrastra todos los problemas fundamentales que tuvo la primera e incluso inventa algunos nuevos. Y todos los problemas que tiene la serie, que son los que hacen sombra sobre las muchas virtudes (porque son muchas) que tiene y la dejan en una mediocridad alarmante de la que dudo que vaya a salir en algún momento, se pueden resumir en su planteamiento. Un planteamiento que de base es equivocado, y que veo, se repite en prácticamente todas las series de superhéroes, siendo las de Netflix en las que esto ocurre en menor medida.

El problema de base del que hablo, ese planteamiento equivocado, es que Flash, como Arrow, no es una serie sobre el velocista escarlata, es una serie coral sobre el grupo de personas que comparten su vida con el hombre más rápido del mundo. Sí, Barry es, de lejos, el protagonista, pero su reparto coral es tan importante como él en la serie, Cisco, Caitlyn, Joe, Iris y Wells son personajes que, imagino que tendrá que ver con mierdas de contratos y así, tienen que salir sí o sí en todos los episodios. Así que los guionistas deben encontrar tramas y cosas para que hagan, lo que en última instancia lastra todo el conjunto. Porque Flash es una serie increíblemente procedimental que sigue el esquema de amenaza semanal. Esto fuerza a los guionistas a que, a la hora de sentarse a escribir, tengan que gestionar, SIEMPRE, los siguientes puntos:

A) Presentar una amenaza para nuestro héroe
B) Encontrar el modo de resolverla
C) Dar minutos a cualquier subtrama que haya en la medida de lo posible o, como mínimo, dar lineas de diálogo a esos secundarios fijos de los que hablaba
D) Hacer avanzar la trama principal de la temporada (la gran amenaza) en algún momento. A veces de forma directa (generalmente en epílogos al final del episodio) o a veces de forma indirecta (recordándonos que, a pesar de esa amenaza semanal, los protagonistas tienen otras preocupaciones).

Y todo eso en 40 minutos.

Voy a olvidarme por un momento la cadena en la que está alojada la serie, voy a olvidarme de quien es el público objetivo de dicha cadena y como eso afecta a los guiones, diálogos y, sobre todo, los conflictos que se plantean semana a semana (que son el segundo gran problema de la serie, pero voy a obviarlos por que son algo para hablar otro día) y voy a centrarme solo en este problema fundamental. Porque es imposible que con ese planteamiento, incluso aunque no fuese una serie de CW, esta serie funcionase más de lo que lo hace. Es imposible que, con todos esos puntos que tienen que cubrir, los guionistas encontrasen tiempo para desarrollar bien a sus personajes, o sus relaciones, o generar una serie de conflictos y evoluciones coherentes y satisfactorios en sus relaciones. Y esto desdibuja totalmente a todos los protagonistas, por no hablar de que crea una sensación de redundancia tremenda. Al final, la serie, vive en un limbo que hace que si ves más de tres capítulos seguidos sientas todo el rato una sensación de déjà vu terrible. ¿Cual es el arco de Barry? ¿Tiene algún dilema más allá de "ser más rápido"? ¿Quien se supone que es Iris? ¿Cual es su personaje? ¿Por qué debería importarnos? ¿Y Cisco? ¿Hay algo en Cisco aparte de la necesaria "cita nerd" en todos los episodios?

Es un puto problema enorme este. Es un puto problema enorme que la serie dedique minutos (y tantos además) a toda la subtrama de la familia West, o a que Iris no puede superar la muerte de su prometido, o que Caitlyn tiene una relación con Jay o... yo que se, todo.

Lo que me jode de todo este asunto es que... no debería ser así. Flash, la serie, no debería ser así. Ningún cómic (que no sea un cómic sobre un supergrupo quiero decir) ha sido jamás tan coral como lo es esta serie, porque no lo necesitaba. Porque lo que importaba era el personaje que daba título a la colección y sus secundarios eran eso, secundarios. Que en mayor o menor medida estaban presentes en su vida, pero que salvo en ocasiones puntuales (y porque servían un propósito para la historia), aparecían lo menos posible (si es que incluso llegaban a aparecer). Introducir a Wally West si no vas a introducir a Kid Flash es absurdo. Porque Wally West no le importa a NADIE mientras no sea el Robin de Barry. No me parecería mal todo el asunto de Iris, su madre y su hermano secreto, si fuese porque el nacimiento de Kid Flash estaba a la vuelta de la esquina, pero es que no es así. Al final no pasa NADA.

Y sí, soy consciente de que ahora Kid Flash va a aparecer y todo eso, pero, ¿De verdad era necesario presentarle una temporada antes? ¿En serio necesitabamos conocer a Wally para que nos importase cuando se terminase de convertir en el héroe que todos sabemos que iba a terminar siendo? No.  La verdad es que no.

Luego también está el papel que juega la gente de Star Labs, que son los Q del Bond que es Barry Allen. y su existencia solo idiotiza al héroe. Porque Flash no soluciona sus amenazas, habla con los científicos que le ayudan, estos localizan la debilidad del villano de turno, le preparan un gadget para la ocasión y él gana. Esto no me parecería mal si pasase cada dos o tres episodios, pero es que pasa todo el puto rato. Y es estúpido. E inútil. Y hace que el héroe parezca bobo.

No sé... me da rabia, porque, e insisto, estoy obviando muchos problemas, como los actores escogidos, el presupuesto, los efectos, los diálogos y todo el culebrón intrínseco que vienen de base al ser una serie de CW, pero es que Flash podría ser una gran serie. Podría serlo si decidiese de una vez ser una serie sobre Flash y no sobre su equipo. Si la amenaza semanal a la que debe enfrentarse Barry fuese un problema para él exclusivamente, y fuese él quien deba encontrar el modo de usar sus poderes de forma ingeniosa para resolver el entuerto, si conociésemos quien es este personaje, como piensa, que le motiva... todas esas cosas por las que los amantes de los cómics terminamos queriendo a los personajes del papel.

El ejemplo más claro de como la serie se beneficiaria de un planteamiento más individualista y no tan coral, y voy a poner un ejemplo porque me explico mejor de esta manera, es el episodio en el que Barry está en la Speedforce. En un momento dado de esta segunda temporada Allen sacrifica sus poderes y tiene que replicar su accidente para recuperarlos. Algo sale mal y la "fuerza de la velocidad" (que es como Dios o algo en esta serie), lo retiene en su mundo, en donde tienen, o al menos intentan, tener una conversación sobre lo que significa ser Flash y la culpa que siente Barry por lo que ocurrió con su madre y como eso le está lastrando. Mientras esto pasa, la serie siente la necesidad de cortar continuamente a Star Labs, en donde los miembros del equipo Flash deben enfrentarse a un zombie porque... yo que se tío, algo tenían que hacer.

Los guionistas no pueden desarrollar de forma satisfactoria la experiencia de Barry en la fuerza de la velocidad porque simplemente no tienen tiempo. Porque cada vez que empieza una conversación, tienen que cortar a una mierda que no importa. Cada vez que parece que van a hablar y por fin hacer crecer a su protagonista, tienen que meter a Iris huyendo de un zombie pervertido. No creo que haga falta decir que es un puto desastre ese episodio. Y debería ser un momento emocional para la serie (Barry habla con su madre muerta joder) pero no lo es, porque no puede serlo, porque tiene como doce cosas de las que encargarse, además de ese rollo emocional.

¿Como funcionaría esto mejor? Si el episodio ocurriese todo el rato en la fuerza de la velocidad. Barry se despierta en su casa, su madre esta con vida, y él no es Flash pero no le importa porque se siente bien consigo mismo, incluso podríamos jugar a que no duda acerca de lo que ocurre ni se pregunta porque ha pasado, simplemente él lo ve como natural. Barry "prueba" como sería su vida si jamás se hubiese convertido en el velocista escarlata.  Yo lo hubiese planteado así, con Barry teniendo una revelación tipo "que bello es vivir" en donde experimenta una versión mucho más feliz de su vida y al final tiene que tomar una decisión, volver a casa, convertirse en Flash de nuevo, porque por más feliz que esté en ese mundo... es su deber. Un episodio así daría pie a momentos mucho más emocionales de lo que se vio en el original. Pero no pudieron hacer eso porque... esta no es la serie de Flash, es la serie de Flash y sus fabulosos amigos.

lunes, 3 de octubre de 2016

El alma de Harlem


Dos fallos (y medio casi) de tres confirman dos cosas:

1- Que Marvel es capaz de equivocarse (aunque eso ya lo sabíamos)
2- Que Netflix no es la panacea.

Y sí, llamo "fallo" a Luke Cage, porque, como Jessica Jones, es una serie fallida. Una que, como aquella, no tenía por qué serlo. Una que, como aquella, tenía suficientes elementos para triunfar, y sin embargo no lo hace.

Pero mientras que la de la detective privado fallaba por su excesiva duración, Luke Cage falla por no tener ni idea de qué es lo que quiere ser. Quiere ser la historia de un "working class hero", del héroe de una comunidad muy humana, pero también quiere ser un thriller policiaco, una historia de mafia, y, por encima de eso, una historia de superhéroes con todo lo bueno y lo malo que conlleva eso. Y falla porque intenta equilibrar lo imposible en lugar de escoger una de esas cosas y tirar para adelante. Falla porque ese pastiche no podía hacer otra cosa.

Luke Cage abre en su primer episodio con una estampa muy humana, una barberia de barrio en la que las viejas generaciones y las nuevas hablan de baloncesto. Se nos presenta una realidad costumbrista, de chicos sin figuras paternas, ex-presidiarios redimidos y madres solteras. Y durante sus primeros episodios, el peso de Harlem y sus habitantes están ahí. Pero es en el tercero (en ese final extraño y totalmente fuera de lugar) en el que se rompe el artificio y la naturalidad y se sacrifica lo "humano" por lo poderoso.

El problema sin embargo no radica solo en ese cambio tonal, si no en que cuando da ese paso, prefiere quedarse en tierra de nadie a pisar con firmeza y Luke Cage, la serie, se queda entre el costumbrismo del cameo de Method Man y los villanos pintorescos de planes rocambolescos e invenciones de pura ciencia ficción. Y no llega.

No llega porque se olvida del barrio tanto tiempo que cuando decide acordarse (en el mentado cameo del miembro de Wu Tang Clan o en ese momento en la pelea final) ya no nos importa. Y no nos llega porque a esa trama rocambolesca de tebeo barato la lastra la necesidad de conservar un realismo del que está pidiendo a gritos deshacerse.

Si Luke Cage optase por cualquiera de las dos cosas, tanto por la historia de barrio que pide a gritos ser como la loquísima historia comiquera que se asoma a ratos en su segunda mitad, funcionaría de forma maravillosa. Pero esa posición que toma, quedándose en medio de un modo tan jodidamente tibio lo destruye todo.

No quiero que suene esto a que la serie me ha parecido horrible, como digo, tiene un montón de cosas rescatables. Un reparto buenísimo que cuando quiere está perfecto en su rol, un héroe carismatico, un villano (durante la mitad de la serie) con matices y personalidad que funciona, una banda sonora y una dirección geniales... pero es en el tono, la trama, y las intenciones, donde todo hace aguas.

Luke Cage no es horrible. Pero Luke Cage da exactamente igual.

Aún así quedan Puño de Hierro y los Defensores. Quizás aún quede esperanza para Marvel en Netflix. Recordemos que su Fase 1 (con aquella hedionda El Increible Hulk, la soporifera Thor y las -en general- fallidas Primer Vengador y Iron Man 2) salvó las naves gracias a Vengadores. Quizás aún pueda ocurrir el milagro.

Y si no, siempre nos quedará Daredevil.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Mark y Archie.


Muchos no sabréis quien es imagino, pero Mark Waid es uno de los escritores de cómic más importantes que hay. No es un Frank Miller, un Alan Moore, un Grant Morrison, o un Mark Millar. No es polémico. No hace cosas de las que luego todo el mundo hable. Es un tipo que simplemente lleva dedicándose a escribir tebeos tela de tiempo (31 años exactamente) y que ha estado al frente de muchos de los momentos más importantes de muchos personajes. Pero siempre en un segundo plano por algún motivo.


Por ejemplo, Mark Waid es EL escritor de Flash, de la misma manera que Geoff Johns lo es de Linterna Verde o Chris Claremont de La Patrulla-X. Es el autor de uno de los tebeos de superhéroes más importantes, Kingdom Come, y de una  etapa de Daredevil que duró hasta el año pasado y que para muchos ha sido lo mejor que le ha pasado al personaje en años.


Para mi personalmente es además el que me abrió la mente a un nuevo estilo narrativo cuando decidió montar Thrillbent.

Es uno de los autores más importantes de todos los tiempos, y, supongo que desgraciadamente, uno de esos que siempre será ignorado por el gran público. Ese que no lee demasiados cómics pero le gusta soltar el nombre de Frank Miller o Grant Morrison en las conversaciones para que parezca que sí sabe de lo que habla. Esa persona nunca sabrá quién es Mark Waid, probablemente habrá leído en algún momento algo suyo, o al menos le habrán recomendado encarecidamente algún trabajo suyo, pero nunca sabrá su nombre. Y si lo sabe, nunca podrá colocarlo en una obra concreta.

Mark Waid es, como tantos otros guionistas, un héroe anónimo.

Y ahora, este tipo que escribió Kingdom Come, que se dedicó años (como década y media) a Flash, que renovó Daredevil cuando nadie daba un duro por él, que decidió montar una editorial digital que experimentase y explorase con un nuevo estilo narrativo, apostando con lo que es para mi el futuro de los cómics... se dedica a escribir Archie.

La cosa es que además lo hace bien, en gran medida por el enorme respeto que se nota que tiene por el material original (hasta donde se, hace años trabajaba en la editorial). A Mark Waid le encargaron en Archie Comics traer su buque insignia al siglo XXI. Hacerlo "interesante" para el lector moderno de nuevo, escribir algo que renovase al personaje... y lo ha conseguido. La serie de Archie que escribe es moderna, es interesante, es divertida y graciosa y ha conseguido que me interese por unos personajes que, la verdad, siempre me han parecido una ranciada, unos fósiles de épocas pasadas que solo se seguían publicando por nostalgia.

Y ahora, gracias a Mark Waid, va hasta a tener una serie en CW.

No creí jamás que me vería recomendando a nadie un cómic de ese personaje (quizás el de los zombies. he oído cosas muy buenas del de los zombies pero todavía no lo he leído), y sin embargo mira, aquí estoy. Haciendo exactamente eso. Porque es interesante, es ligero y es muy divertido este nuevo Archie. Además, la ristra de dibujantes que han pasado por la colección (que empezó con la absolutamente maravillosa Fiona Staples) ayuda a dar ese tono moderno y conocido pero actualizado que estaban buscando... sin perder tampoco las raíces. Al final de cada número hay una re-publicación de alguna de las historias clásicas del personaje.

Es un muy buen cómic. Uno que no es para todo el mundo (porque al final no deja de ser una serie de adolescentes en formato tebeo) pero uno al que, creo yo, merece la pena darle una oportunidad. Porque en sus páginas no vais a encontraros aventuras fantásticas o comentario social, pero a lo mejor, como me ha pasado a mi esta tarde, os sorprende muy gratamente.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Jodiendo la marrana



De los personajes que Marvel ha creado en la últim década, Miles Morales, el segundo Spider-Man del universo ultimate, ha sido uno de los que más ha despertado mi interés. Su colección en aquel ya desaparecido universo era una de las pocas que seguía religiosamente y disfrutaba a pesar de su inconsistencia en las historias tan de Bendis y ciertas decisiones casi al final que no me gustaron una mierda.

Pero entonces llegaron las Secret Wars, que ni fueron secretas ni fueron realmente una guerra, y el universo ultimate se fue al carajo y a Miles Morales lo llevaron al universo marvel tradicional porque... yo que sé, la verdad.

Y al hacerlo, se cargaron por completo al personaje. No porque lo cambiaran, si no porque ya no hay nada a lo que atenerse con él. Entre otras cosas porque Bendis, su creador y escritor casi único (si nos olvidamos del que escribe Vengadores ahora) ha continuado su colección casi como si nada hubiese ocurrido, lo que es preocupante y solo genera dudas que no sé si algún día serán resueltas.

El tema es que la historia de Miles está tremendamente ligada al universo ultimate, y, fuera de ese contexto, hay demasiadas cosas que no tienen sentido. Por poner unos ejemplos, Miles consiguió sus poderes porque su tío, el Merodeador de ese universo, fue a uno de los viejos laboratorios de Norman Osborn para robar no se qué historia y se llevó sin querer una araña que había sido genéticamente modificada con OZ como la que había picado al Peter Parker de aquel universo. Pero el OZ no es una cosa que exista en el universo tradicional (al menos no tal cual, hasta donde yo sé la "Formula Duende" no ha tenido ese nombre nunca), y, hasta donde sabemos, el Merodeador del universo tradicional (que es más un antihéroe que un villano como el del universo ultimate y ni siquiera tiene el mismo nombre) no es el tío de Miles, así que ¿Cómo consiguió Miles sus poderes ahora?

Luego está la razón por la que Morales decidió vestirse de hombre araña. Él no quería ser Spider-Man al principio, pero la muerte de Peter Parker y una conversación con la Gwen Stacy de ese universo le hicieron cambiar de idea. Porque "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y porque alguien debía ser Spider-Man. Pero el Peter Parker del universo tradicional nunca se murió, así que ¿Por qué convertirse en Spider-Man? ¿Porque sí? ¿Y por qué coger un nombre que ya estaba siendo utilizado? ¿Por qué no ser "Spider-Kid", "Spider-Boy" o, yo que sé, "Tarántula"?

Y eso sin entrar a hablar de cómo consiguió su equipo, su traje y todo, o todas las tramas sin resolver que se han quedado en el tintero y que ya nunca jamás se resolverán, como ¿Por qué Peter Parker resucitó en Atlanta? o ¿Quién era el Miles Morales original del 616 que aparecía al final de Spider-Men?

Nada tiene sentido ya.

Y lo peor es que... no había razón para hacerlo.

Si Marvel hubiese ido a tope y se hubiese marcado un "Crisis en tierras infinitas" con sus guerras secretas, y hubiese destruido el multiverso y reconstruido todo desde cero... podría llegar a entenderlo. Pero eso no fue lo que pasó. El multiverso sigue existiendo. Gwen Stacy sigue teniendo su universo. ¿Por qué el Ultimate tenía que desaparecer? ¿Es porque no querían seguir con esa línea editorial? ¿Y no podían haber mantenido como colección única la de Miles, de la misma manera que mantienen la de Gwen Stacy?

De todas las cosas que buenas que ha hecho Marvel en los últimos años, Miles quizás me parezca la segunda o la tercera mejor.

De todas las cagadas que ha hecho, llevarle al universo tradicional probablemente sea la más gorda de todas.

martes, 30 de agosto de 2016

El viaje increible... pero con pistolas


Algunos os acordaréis (imagino) de una película familiar que hizo Disney en 1993 llamada De vuelta a casa: Un viaje increíble, remake de una película treinta años más antigua llamada simplemente El viaje increíble. Ambas películas seguían a tres mascotas (dos perros y un gato) que, alejados de su familia, decidían emprender el viaje de vuelta a sus dueños (de ahí el título). La película consistía en filmaciones de los tres animales caminando por el bosque mientras hablaban con voces en off haciendo chistes e intentando vagamente hilar todo. Es una película infame que recuerdo odiar de niño (nunca fui de esos niños que veían un perro y se emocionaban -entre otras cosas porque me mordió uno de muy niño y siempre he medio odiado a los perros), pero que recuerdo haber visto más de una vez en cumpleaños de gente y cosas así.

El caso es que once años después de aquello, dos putos escoceses enajenados mentales que forman uno de los equipos creativos más potentes del cómic moderno; Grant Morrison y Frank Quitely decidieron hacer lo que creo que a todas luces es un remake encubierto y ultraviolento de esa historia en la miniserie We3.

La miniserie sigue a tres animales, un gato, un perro y un conejo, que han sido modificados genéticamente por el gobierno y transformados en armas que escapan de un destino cruel y despiadado y emprenden un viaje a lo largo de los tres números de vuelta a casa, mientras se enfrentan a todo el ejército de los EEUU que quiere ejecutarlos por haber cortado el programa. Es, a todas luces, una idea loquísima y, siendo sinceros, bastante idiota, que en manos menos expertas no dejaría de ser una chorrada sin importancia. Sin embargo es un cómic hecho por los creadores de All-Star Superman (uno de los mejores tebeos del personaje de todos los tiempos), JLA:Tierra 2 y Nuevos X-Men (una de las mejores etapas de la patrulla-x de todos los tiempos) así que lo que podría terminar siendo intrascendente se convierte en material de estudio.

No puedo decir mucho de Grant Morrison porque lo cierto es que para sus idas de olla habituales y sus temas más serios, este es un cómic bastante vago. No hay nada demasiado destacable en cuanto a guión, más allá de la deconstrucción del lenguaje que hace con los animales (que tampoco es nada espectacular) o la mera idea del tebeo, no es, ni de lejos, su mejor trabajo. Si tuviese que destacar algo de su trabajo aquí es cómo consigue dar personalidad a los personajes y presentar ciertos conflictos internos (especialmente en el perro) con muy muy poco. Sin embargo, quizás sí que sea el mejor (o si no uno de los tres mejores) trabajos de su dibujante estrella, Frank Quitely, que se luce en cada puta página del tebeo demostrando porque es para mi uno de los tres, si no el mejor, narrador de cómic moderno.

Centrándonos en el aspecto visual del tebeo, en la narración y en la composición de sus páginas, la acción y todo eso, Frank Quitely da en casi todas las páginas una master class de cómo hacer cómic. Si estáis pensando en dedicaros a esto, si vuestro sueño es contar historias a través de las viñetas, esta colección es material de estudio. Esta miniserie debería convertirse desde YA en una de vuestras biblias personales.

Es curioso lo de Quitely, porque si uno ve sus trabajos antiguos, como el mencionado Tierra 2 o los breves números que hizo junto a Mark Millar en Authority, son cómics efectivos, que funcionan pero que salvo momentos puntuales tampoco destacan. Su arte es curioso y único y su diseño de personajes inconfundible, sí, pero no lo tildaría de tanto si no fuese por sus posteriores trabajos. En este caso, por ejemplo, quizás sea la cosa más increíble que le he leído.

Podría destacar millones de momentos de estos tres números, como la secuencia que abre el primer tebeo, la huída narrada a través de cámaras de seguridad, los momentos en los que los animales se enfrentan a los humanos (y el tiempo se ralentiza para ellos porque perciben todo más deprisa que los humanos)... es absolutamente brillante. Un genio como hay pocos.

Es, en definitiva, una pequeña joya que quizás solo no sea apta para aquellos que son demasiado animalistas (porque hay varias escenas de crueldad animal bastante gráficas que quizás sean demasiado para estómagos sensibles). Pero que creo, de corazón, debería ser material de estudio en todas las academias de dibujo.

En serio, mierda muy genial esta miniserie. Hacía muchísimo que no leía una obra tan inspiradora y que me invita a querer probar cosas nuevas y dibujar.

sábado, 20 de agosto de 2016

Excesivos excesos


Supe que estaban haciendo The Get Down cuando el año pasado vi Dope y busqué a su protagonista Shameik Moore, porque en aquella película me había sorprendido para bien y no tenía ni idea de quien era. Y, sobre el papel, parecía una serie que podía ser interesantísima. Hecha por Netflix y sobre los orígenes del hip hop, no solo como movimiento cultural, sino como movimiento de la cultura pop en general. Esas historias me encantan y, oye, con la plataforma online que nos había traído joyas como Orange is The New Black, Daredevil o BoJack Horseman (tengo pendiente la review de esta) ¿Qué podía salir mal?

Entonces salió el primer teaser, y en letras grandes se leía un nombre, BAZ LUHRMANN. Y el miedo se apoderó de mi.

Para los que no conozcáis al director australiano, el tipo es el genio detrás de joyas de lo excesivo y lo hortera como Moulin Rouge, Romeo+Julieta o la versión con Leonardo DiCaprio de El Gran Gatsby. Mis esperanzas de encontrarme ante un drama urbano serio que retratase una de las épocas más importantes de la cultura pop se desvanecieron casi por completo. Con esa persona detrás me temía lo peor. El primer trailer no ayudó tampoco y auguraba algo más cercano al trabajo anterior de su productor que a la serie que esperaba ver.

Y una vez vistos los primeros seis episodios mis miedos se han confirmado.

The Get Down es el excesivo y hortera retrato de una Nueva York y un Bronx de finales de los 70 decadentes y coloridos. Es una serie que pasa del realismo en pos de lo estético, que prefiere contarte una fábula mágica sobre una pareja de enamorados amantes en una ciudad que se destruye a su alrededor que algo veraz e histórico que refleje la américa cambiante que existía en aquella época. Y, sí, de vez en cuando se permite meter ciertos detalles, no ya históricos, que no, si no que reflejan eso, pero siempre bajo el filtro horterísima de Baz Luhrmann, que sí, solo dirige el piloto, pero ha supervisado todo lo demás.

Personajes absurdos y coloridos como Shaolin Fantastic, gangsters que parecen sacados de un cómic de Luke Cage de la época, productores musicales con pelucones de carnaval, bandas callejeras sacadas del clásico de culto The Warriors y muchos números musicales son las cosas que uno puede encontrarse al entrar en esta serie. La serie más cara de Netflix, por cierto. Esta serie es más cara que Daredevil. Más cara que Marco Polo. Esta serie cuesta lo mismo que Juego de Tronos.

No ayuda tampoco nada que la historia quiera ser como ciento veinte cosas al mismo tiempo, o que tenga unos diálogos de risa y unas interpretaciones extrañas y en algunas ocasiones pasadísimas de vueltas (qué cojones le pasa a Giancarlo Esposito en esta serie). Es, en definitiva, una serie que, mirando todos sus elementos desde fuera y por separado, parece aterradora. Parece la mayor mierda que nadie podía haber ideado nunca.

Y sin embargo...

Sin embargo sus primeros seis episodios a mi me han gustado. Quizás porque entré en su juego. Quizás porque una vez superado el susto del piloto, ese excesivo piloto de hora y media, que tiene una edición que es como un puñetazo en la boca desde el primer minuto, entendí de que iba la cosa y decidí dejar de esperar nada. Y empecé a disfrutar de sus variopintos personajes hasta el punto que Shaolin Fantastic se ha convertido en uno de mis personajes del año. Empecé a disfrutar cosas como que Jaden Smith interprete a alguien que roza (si no es) la autoparodia hasta el punto en que se convirtió en una de mis partes favoritas de la serie. A disfrutar sus números musicales horterísimas y sus gangsters de dibujos animados (que hacen, sin embargo, cosas muy alejadas de los dibujos animados). De su estética. De su ritmo.

Y cuando me quise dar cuenta, para mi sorpresa, me había enganchado a esta serie.

No es una serie perfecta, ni mucho menos. Es una serie que ganaría enteros sin la historia de la puertorriqueña y su familia cristiana, sin la trama política (porque tiene trama política, porque FUCK EVERYTHING), sin gangsters, sin durar una hora cada episodio y si se centrase de verdad en la música y en la cultura urbana de aquella época. Pero siendo el producto que es, viniendo de quien viene y teniendo todas esas cosas en cuenta... hay mucho que disfrutar en The Get Down.

Es un producto tan pasadísimo de vueltas, tan hortera, que resulta fascinante. Sobre todo resulta fascinante que funcione.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Explotar el medio.


Quiero hablar de Undertale pero me encuentro con dos problemas:
  1. No quiero hacerlo contando nada (pero siento que es imposible)
  2. No se bien como hacerlo.
El tema es que quiero contaros lo magnífico que es el juego, pero a la vez siento que es imposible hacerlo sin joderos la sorpresa que supone jugarlo. Así que si no lo habéis probado os recomiendo que vayáis a hacerlo. No porque vaya a revelar detalles de la trama (que no voy a hacerlo) sino porque siento que es una experiencia que será mejor cuanto menos sepáis del asunto. Porque no quiero condicionaros en modo alguno.

¿Bien?

Si seguís aquí asumo que o bien os da igual, o bien ya habéis experimentado Undertale. Y quizás, como me está pasando a mi mientras escribo estas líneas, os cuesta hablar del tema. Porque Undertale es posiblemente uno de los juegos más únicos que he experimentado, y quizás a vosotros os pase lo mismo. O quizás no, yo que se.

Pero bueno, voy a intentar dejar de divagar y a explicar porque este me parece uno de los juegos más únicos y a la vez más importantes a los que he jugado en mi vida.

La obra de Toby Fox es posiblemente la cosa de la que más me va a costar hablar nunca, porque no creo que exista una manera "no-presuntuosa" de explicar cómo me siento acerca de ella. Es... cristo... a ver como me explico... Todo en Undertale existe de tal manera que el protagonista no es tu Avatar en el juego (ese andrógino sprite sin nombre) si no tú. El avatar no es más que una representación digital de ti mismo. Por eso su misión es tan sencilla. Por eso su misión empieza como empieza. Por eso su sistema de combate es como es. Por eso sus diálogos son como son. Y por eso tiene ese final tan raro. Porque no estás jugando a un juego si no a una lección moral. En esencia, Toby Fox está poniendo tu cinismo frente a su idealismo y está intentando desde el primer minuto que cambies de opinión.

Todo está construido alrededor de esa idea. Todo está construido en base a su mensaje y como consideras tú su mensaje. Te presenta este mundo de blancos y negros absolutos que contrasta con tu gris mundo real, y espera que veas como contrasta y cambies por ello. No se trata del modo en el que trata temas controvertidos como las relaciones homosexuales, o que resulte integrista, o todas esas mierdas que le han provocado las críticas de los adalides de la masculinidad tradicional que han visto en este juego otra mierda hipster para los idiotas de Tumblr obsesionados con la corrección política. Todas esas cosas son secundarias, porque eso no hace grande a Undertale, lo que le hace grande es cómo utiliza todas las herramientas del medio (incluido el propio soporte) para contar lo que quiere contar.

Su sistema de combate te permite solucionar los problemas hablando. Te permite elegir una ruta en la que no mates a nadie. Y eso no es solo parte de su jugabilidad... o sea... sí, pero es la manera de Toby Fox de reforzar la idea detrás de todo el videojuego. Porque quizás si tú viajaras al mundo de Undertale no te querrías ver involucrado en combates a muerte, quizás no seas esa persona, y que esa sea la mecánica central del 99% de los videojuegos que han existido siempre no significa que tenga que ser la opción que tú tomes, y según lo que elijas el propio juego se desarrolla de un modo u otro. El sistema de combate es un refuerzo para que dejes de ver a tu avatar como el protagonista y te des cuenta que el juego te está hablando directamente a ti.

El propio inicio del juego y su trama es una metáfora de ti mismo abriendo el programa. El personaje cae desde el mundo humano al mundo de Undertale, y el personaje no tiene sexo, ni nombre, ni ideas o personalidad propias. Porque no es "el personaje" porque eres tú. Hay muchísimos más momentos que demuestran eso, algunos más directos que otros (el final pro ejemplo), pero entrar a hablar de ellos en detalle supondrían spoilers sobre la trama principal que no voy a hacer.

No he hablado de gráficos. Ni he hablado de historia. Ni de música. Ni de jugabilidad realmente (he dicho algo pero muy poco). Y no lo he hecho porque todas esas cosas... no son importantes. O sea... sí, y son parte del encanto del juego, la música es magnífica, el estilo 8/16 bits le sienta como un guante y la historia es funcional y ya, pero... y quizás suene raro teniendo en cuenta que son los elementos que una vez puestos juntos hacen un juego generalmente, esas cosas son secundarias en este caso.

Yo qué sé, quizás jugáis o habéis jugado a Undertale y no habéis sacado las mismas conclusiones que yo. Quizás esté divagando y viéndole tres pies al gato. Pero esa ha sido la experiencia que he tenido con el juego. Posiblemente sea la obra más inmersiva a la que he tenido el gusto de probar. Lo que ha hecho Toby Fox es maravilloso, importantísimo e irrepetible. Y he visto que muchas discusiones sobre el tema, sobre todo por parte de sus detractores, hablan de cómo este juego no es mejor que o peor que tal otro. Como critican a la gente que lo ha colocado como el mejor juego de la historia y tal. Pero es que eso no importa. Porque Undertale no es mejor o peor que nada, es distinto y ya.

Y eso es lo que lo hace importante. Que es distinto y ya.

domingo, 31 de julio de 2016

Punks VS Neonazis



Green Room es la nueva The Guest. Es una película que no inventa nada, un slasher corriente y moliente, que consigue hacer las cosas lo suficientemente bien para destacar lejos de lo mediocre que podría haber sido. Como The Guest, es una película que no ha visto prácticamente nadie (está 98 en el ranking de este año). Y como The Guest, es una película que está llamada a ser de culto.

La premisa es bien sencilla. Un grupo punk de quinta termina aceptando un bolo a la fuerza en un bar neonazi. El plan es entrar, tocar, cobrar y salir, pero por una serie de circunstancias terminan viendo algo que no deberían y convirtiéndose en las presas de los habituales del bar y su dueño, un líder neonazi interpretado por Patrick Stewart, que consigue sacar oro de lo que no es más que un cameo.

En las cosas buenas tenemos un tono maravilloso, crudo, gore, salvaje y tenso. El retrato de la banda, aunque estereotipado (pero ahora hablamos de eso) es un retrato relativamente sincero. Desde la primera escena se nos construye quienes son estos personajes, un grupo de perdedores sin dinero que van de bolo en bolo intentando hacer el punk más auténtico que pueden. Patrick Stewart, aunque no tiene NADA (porque literalmente no tiene nada) con lo que trabajar, consigue sacar oro de algo muy estereotipado, y la historia va como un tiro. Habrá quienes critiquen que, tal vez, jamás se indague en muchos de los asuntos que plantea (sobre todo en lo referente a los malos), pero es completamente comprensible porque, y esto es importante, no es esa película la que está intentando contar su director.

Estos personajes se ven de lleno arrastrados a una historia que ya va por la mitad. Una trama de traiciones, bandas criminales y cárteles de droga, de la que nuestros protagonistas (que son el punto de vista desde el que nosotros experimentamos la historia) no son protagonistas. Entran de lleno en ella y solo quieren salir lo antes posible. Que no sepamos nada del personaje de Imogen Poots tiene sentido porque, como todos los de más personajes (que no son los protagonistas) es parte de una historia que no tiene nada que ver con esta. Y al menos para mi funciona.

Sin embargo no todo es bueno. La película no dedica el tiempo suficiente a sus protagonistas para que lleguemos a conocerlos y nos importen lo suficiente. Este probablemente sea el problema más grave de la película (quizás el único real que tiene), que se rinde al peor cliché del género presentando a unos protagonistas estereotipados que no tienen más personalidad más allá del tropo del género que representan. Se definen rápido y de forma perfecta (esa primera escena en el coche, dice muchísimo de ellos) pero nunca se indaga en quienes son o por qué deberían importarnos. También es verdad que el ritmo frenético y la corta duración de la cinta no ayudan a que nos tomemos siquiera un segundo para conocerlos. Antes de que sepamos quienes son ya están en medio del jaleo.

Ahora hablemos del elefante en la habitación; Anton Yelchin era uno de esos actores que siempre estaba bien en todo lo que hacía. Y aquí no decepciona. Es una pena lo de este chico. Era, para mi, uno de los mejores interpretes de su generación, y nunca tuvo ese gran papel que lo destacase y por el que el gran público lo fuera a recordar. Me da mucha rabia eso, es otra persona con talento que vivió y murió en el olvido. No habrá ningún rapero que le dedique una canción que gane un premio MTV, y el mundo no se conmocionará por su muerte prematura. Pero supongo que es porque no era el protagonista sexy de una franquicia multimillonaria de coches tuneados. Pero qué sabré yo. En esta película Yelchin está magnífico. Como siempre estaba.

En general, Green Room es como un buen tema punk. Es ruidosa, salvaje, breve y no inventa nada pero toca las teclas correctas para ponerte a mil.

Una pequeña cinta muy recomendable.

viernes, 29 de julio de 2016

La cazadora.



Under the Skin es una película cuya trama no quiero describir por si no habéis visto ni habéis leído nada sobre ella. Creo que explicar de que va la película es contraproducente en este caso, porque es clara la intención del director de que su película resulte perturbadora y confusa, mostrándote lo suficiente para que entiendas qué está pasando sin terminar de entenderlo todo.

Iba a decir que es artística, pero odio usar la palabra artística para describir una película. Generalmente porque aceptar que hay películas artísticas supone aceptar también que hay películas que no lo son, y aunque estoy completamente de acuerdo con esa afirmación, el apelativo artístico se usa para una minoría selecta, descartando como posibles obras de arte todas las demás. Generalmente el adjetivo se aplica a cintas como esta, que no cuentan su historia en el sentido más tradicional, y resultan confusas y extrañas y requieren que el espectador rellene ciertos huecos, y ya. Con lo que auténticas obras de arte como El Padrino quedan por descarte fuera de esa categoría superior. Como si no fuesen obras de arte solo por el hecho de contar cosas de manera tradicional. Es como descartar cuadros de Velázquez solo porque son figurativos.

Y tampoco me gusta cuando artístico se utiliza como eufemismo de pretencioso, en un sentido completamente vejatorio. Porque proviene de la ignorancia del que mira, como todos aquellos que insultan el arte moderno sin haber intentado jamás comprenderlo.

Pero estoy desvariando mucho... lo que quiero decir es que Under The Skin es una película rara. Rara en su realización y en su narrativa, porque gran parte de la historia se cuenta a través de cámaras ocultas y con gente que ni siquiera sabía que estaba en la cinta, además de a través de metáforas visuales y sin apenas diálogo. Pero lejos de, como me pasó con Sólo Dios Perdona, parecerme un coñazo horrible, la verdad es que me pareció interesante. O curiosa como mínimo. No voy a mentir tampoco y decir que no hubo partes que me aburrieron, porque hubo bastantes partes que me aburrieron, pero los momentos interesantes, especialmente el primer acto y el final, me resultaron fascinantes.

Porque es lenta y no hay diálogos y no pasa gran cosa en ella... pero el modo en el que la historia va fluyendo es genial. Somos tan espectadores del mundo que rodea a Scarlett Johansson como ella, y atendemos a todos los momentos como un espía. Esto se refuerza tanto a través del uso de cámaras ocultas como de planos muy alejados, que refuerzan el concepto de espectador, convirtiéndonos en casi voyeurs de lo que está ocurriendo, algo que ayuda, junto con la tremenda banda sonora, a darle este aura perturbadora a la película. Esa sensación de que algo está jodidamente roto en las imágenes que estás viendo, incluso aunque hasta la primera vez que entran en la sala negra no puedas señalar exactamente qué es (y después de eso tampoco es que tengas una idea muy clara de lo que está pasando, la verdad).

He leído explicaciones de la película que hablan de cómo Under The Skin hace una exploración de lo que supone la belleza en el mundo moderno, y que resulta una crítica de como solo la apariencia exterior nos parece importante hoy en día... y no sé... tal vez sea verdad, pero yo desde luego no entendí nada de eso. Pero es una cinta que espera que seas tú quien rellene los huecos, así que si alguien los quiere rellenar así, me parece muy respetable. Para mi la historia es bastante directa y no tiene mucho comentario acerca de nada... pero es lo que yo vi (y no soy de los que suelen enterarse de estas mierdas).

En general la película es una demostración genial de narrativa visual y de cómo se puede contar una historia exclusivamente a través de imágenes. Es fácil comprender qué es lo que piensa en cada momento el personaje de Scarlett Johansson, incluso aunque pase más de tres cuartos de película sin abrir la boca, solo por su interpretación y las cosas que ocurren a su alrededor. No necesita contarte todos los detalles, ni decirte abiertamente que es lo que ocurre en diálogos expositivos, es una película que espera que tú seas lo suficientemente inteligente para rellenar los huecos que faltan y comprenderla. Evidentemente como el arte moderno, no es para todo el mundo. Pero yo le daría una oportunidad, a mi estas películas no me suelen gustar un puto pelo y esta, sin parecerme una obra maestra ni nada, me gustó bastante y es algo que recomendaría.


Así que quién sabe. Igual la veis y os encanta.


O igual la veis y os parece de una pedantería de asustar.

Cualquiera de las dos podría pasar, la verdad. Pero yo le daría una oportunidad, aunque solo sea para que veáis algo completamente diferente.

lunes, 25 de julio de 2016

Mi X-Men 2 (primera parte: La crítica)


Me ha costado mucho ponerme en serio a hacer esto. Y con mucho quiero decir mucho. Varios intentos de sentarme, ver la película, sentarme otra vez, intentar esta vez sí terminarla, y luego varios de escribir entradas y pensar en el enfoque.

Y mi conclusión final es que el mayor problema a la hora de hablar de esta película, es que no es una mala película. Se ha quedado vieja, y para el estado en el que está el subgénero a día de hoy, sí, es una mala película. Pero si me retrotraigo al año 2003 y las películas que se estaban haciendo entonces, X-Men 2 es la mejor película que podía haber sido. Porque esta película salió un año después de Spider-Man pero cinco antes de que Iron Man y El Caballero Oscuro diesen el último empujón al subgénero (cada una a su manera), por no hablar de que era una secuela. Y en ese contexto, esta es la mejor película que se podía haber pedido.

Ahora bien, ¿es una buena película? ¿es un film atemporal que seguiremos recomendando dentro de tres décadas? No. Por supuesto que no, nada de esta época es así. Con suerte, después de Homecoming, ni siquiera seguiremos recomendando las Spider-Man de Raimi en unos años. Pero eso no hace que en su contexto histórico particular y bajo sus circunstancias, esta sea una mala película. Y juega muy en mi contra a la hora de plantearme los cambios, porque todos los que haría, son cambios para los que no está preparado el subgénero. Porque esta película es una adaptación muy descafeinada de una de las mejores novelas gráficas (porque esta sí es una novela gráfica, no como Watchmen) protagonizadas por la Imposible Patrulla-X; "Dios ama, el hombre mata", que aunque medio respeta los elementos principales de aquella historia (con el villano y el uso que quiere darle al profesor, los lavados de cerebro, la ayudante mutante, etc) decide no mirar a los elementos más controvertidos de la obra (Stryker deja de ser un cura católico en una cruzada completamente xenófoba y pro-humana que en las primeras páginas mata a dos niños, para ser un militar que utiliza a mutantes como armas) y simplifica muchos otros (como la relación entre Magneto y los X-men).

Es una versión más tonta de ese cómic, pero porque ese cómic no se podría haber adaptado tal cual a la gran pantalla entonces (y dudo que se pudiese ahora, si soy completamente sincero). También la condena que sustituye los temas, mucho más relacionados en la segregación racial en la obra original, por las taras personales de su director, que utiliza el odio mutante como una metáfora de los homosexuales (en la lamentable escena de los padres de Bobby). Una metáfora que si bien también ha sido utilizada en los cómics y funciona bien ahí, aquí está tratada de forma gruesa y poco sutil. La otra cosa que termina, para mi, de condenar la película, es que aunque Singer intenta dar algo más que hacer a gente como Tormenta o Cíclope, su filia por el canadiense de las garras sigue siendo tan grande que la cinta termina siendo Lobezno-céntrica (por más que se empeñe en volver a usar el recurso de "parece que el malo busca a Logan y al final no", el hecho es que conectar el pasado de Logan a Stryker y ubicar la pelea final en Arma-X resta relevancia al villano). Pero siendo justos, muchos de estos problemas son cosas que arrastra más por ser una secuela que otra cosa.

He separado esta entrada en dos partes porque sentía la necesidad de explicarme antes de contaros como iba a ser mi película. Porque debido a las cosas arriba mencionadas, la versión que voy a describiros de la película es una cinta que poco o nada va a tener que ver con lo que se pudo ver en cines en 2003. Lo he estado pensando mucho y siento que no puedo andarme con medias tintas con esta película, o lo cambio todo, o no cambio nada. Y tengo que hacer lo primero.

En breves os cuento como hubiese sido mi versión de la película, si viajase en el tiempo y me pusiese a trabajar en Fox.

viernes, 22 de julio de 2016

Sin Complejos.



Si no estás haciendo algo bueno, por lo menos, sé consciente de ello.

Eso es lo que hace Orphan Black y el motivo por el que sigo viendo la serie a pesar de que, realmente, es una serie muy muy mala. Pero como le ocurría, salvando las distancias porque la del señor del tiempo es una buena serie, a Doctor Who durante las etapas del noveno y el décimo Doctor (y dejó de ocurrirle a partir de Matt Smith y por eso yo ya no veo la serie) es una serie plenamente consciente de lo que es y, en lugar de avergonzarse e intentar ser otra cosa, va con todo.

Orphan Black es una serie sobre conspiraciones, ciencia loca y clones. Es una serie que además ha conseguido, temporada a temporada, volverse cada vez más loca. Lo que empezó como la búsqueda de la verdad por parte de cuatro clones, en donde el villano era una malvada corporación genetista se ha convertido en una serie con nanomáquinas, organizaciones secretas dentro de organizaciones secretas, hombres centenarios y una conspiración que lleva existiendo un siglo, y es maravillosa por ello. Como los mejores culebrones, Orphan Black no busca tener sentido, ser profunda o aportar algún tipo de arte, busca tener el mayor número de giros posibles por temporada para que no dejes de verla, si esos giros tienen o no lógica es secundario, lo importante es que te quedes con cara de asombro.

Admiro mucho esa falta de complejos que tiene la serie, es autoconsciencia de lo que es, una serie en donde nada de lo que ocurre tiene que tener una importancia o una relevancia o siquiera un sentido, más allá del de mantenerte pegado a la pantalla. Pero nunca llega a pasarse, nunca cae en la autoparodia ni resulta forzosa. Y eso, esa libertad absoluta para hacer lo que les de la gana con las tramas sin ningún tipo de complejo y sin llegar jamás a caer en la autoparodia, esa facilidad con la que camina en el filo del bochorno es lo que la hace tan maravillosa. No buena, porque buena no es, pero si es, a su manera particular, maravillosa.

Tampoco hay que menospreciar la labor de Tatiana Maslany, que sostiene la serie casi sobre sus hombros, interpretando a cada vez más personajes y dando suficientes matices a cada una de las "hermanas" para hacerlas únicas. Puede haber clones que te caigan mejor o peor (la peor es Sarah sin duda -porque no puede ser más sosa) pero no es culpa de la interpretación de la actriz, si no de su personaje. Maslany lo da todo en cada episodio y está magnífica.

No debería, porque no es buena, pero os recomiendo fuerte Orphan Black.

miércoles, 13 de julio de 2016

¿Qué hace buena una película?


Una de las expresiones que más odio es la de "cumple con su función de entretener" para justificar mediocridades. Lo he hablado alguna vez con más detalle en el blog, y es una cosa con la que estoy en contra. Si algo es mediocre, es mediocre, así sea divertido. Sin embargo hoy me encuentro con muchas ganas de usar esa frase que tanto odio para hablar de la película "Dirty Grandpa".

Dirty Grandpa no es una buena película. No lo es. El humor es zafio, la dirección no es nada destacable, el guión es previsible... y, sí, los actores están bien, pero tío, es De Niro, es el jodido Robert De Niro, una jodida leyenda viva ¡Por supuesto que está bien! ¡Esta es una película que debería poder hacer dormido! Y sin embargo... yo me he reído. Mucho más de lo que esperaba, la verdad. Y si el objetivo de una comedia es hacerme reir... ¿Puedo decir que es una "mala película" si cumple su cometido? ¿Estoy entrando en el terreno pretencioso al decirlo?

Siento que últimamente estoy siendo muy benevolente con las películas que veo. O bueno... no. Estoy siendo muy benevolente con las comedias que veo. Ya me pasó con Mr.Right, una comedia de acción de la que hablé en el blog que era, como mucho, mediocre, pero que a mi me hizo gracia y la puse bien. Y con esta Dirty Grandpa me encuentro tentado a hacer lo mismo. Porque no es buena pero es que joder, me he reído ¡Qué le voy a hacer! Aunque también es verdad que la comedia es el género al que probablemente menos le exija. Y eso que soy un purista de los clásicos, mis comedias favoritas son El sentido de la vida y Una noche en la ópera. Mis cómicos favoritos (sin contar a los Monty Python); Carlin y Hicks. Y mis series de comedia televisiva favoritas son Seinfeld y Daria. Soy una persona, al menos en teoría, "exigente". Pero es que esta película es tan inofensiva que me sabe mal ponerla a parir. 

Podría, como he visto a otros críticos hacer, destriparla. Decir que no tiene ningún sentido y que es una película en la que todo gira mucho más en torno al chiste que a la trama. Que es una historia que has visto mil millones de veces y en la que las cosas que sabes que van a pasar a los cinco minutos pasan exactamente como piensas que van a pasar. Y podría hacerlo porque la película en sí no es buena. Pero yo que sé, joder. Tiene a Aubrey Plaza haciendo de Aubrey Plaza, a De Niro diciendo tantos tacos como cuando trabajaba con Scorsesse y algún personaje secundario muy rescatable. Y soy un tipo básico a veces. Y me río con esas cosas.

Por resumir... Dirty Grandpa es una comedia de domingo de resaca.

Si eso os merece la pena o no ya es cosa vuestra.

viernes, 24 de junio de 2016

El hombre poder y el puño de hierro.


No puedo hablar del renacimiento de DC porque, sinceramente, no me interesa. Está recibiendo unas críticas buenísimas, y estoy seguro de que tiene muchas cosas buenas, pero desde fuera lo veo como un paso atrás. Intentaron cambiar su universo con Los Nuevos 52 y una serie de decisiones equivocadas y una dirección que parecía empeñada en mandar de nuevo DC a los noventa hicieron que aquello no gustase demasiado, y ahora están reculando, volver atrás para corregir las cagadas no me parece la mejor decisión creativa. Pero insisto, estoy seguro que tiene cosas buenas y no he leído ningún número así que no voy a opinar en profundidad.

De todos modos, a lo que voy es a que, con todos sus problemas, casi prefiero lo que está haciendo Marvel ahora mismo.

Soy un lector de cómics de superhéroes atípico, al menos atípico ante el perfil del lector medio... o lo que se presupone como lector medio. Me aburre leer las mismas historias y me aburren muchísimo los tropos del género. Cuanto más viejo me hago más aprecio esos cómics que intentan aportar algo nuevo al manido mundo del tebeo de superhéroes, ya sea a través de su arte o su narrativa (en trabajos experimentales como el Ojo de Halcón de Aja y Fraction) o a través de la deconstrucción de dichos tópicos del género (en series como la Ms.Marvel de Wilson y Alphona). También es verdad que de un tiempo a esta parte aprecio más un cómic ligero que es plenamente consciente de lo que es, que un cómic forzosamente intenso, y siento que la dirección de Marvel a día de hoy va más hacia eso.

Algunos dirán que es un cómic más accesible y por tanto para un lector más casual, pero oye, yo llevo leyendo tebeos desde hace 20 años más o menos, y no solo leyéndolos, dibujándolos y estudiando su sentido narrativo y su mitología. Si os atrevéis a llamarme "lector casual" a lo mejor tenemos un problema gordo.

No voy a ser hipócrita y decir que antes no era así. Yo antes era de los que decían que las cosas de calidad apelaban a la élite y que lo que se hacía para la masa era siempre peor... pero ya no estoy de acuerdo con esa idea. La clave está en encontrar el equilibrio. Buscar el punto perfecto entre hacer algo que puede gustar al mayor número de gente posible sin traicionarte a ti mismo. El elitismo por elitismo es una estupidez.

Con todas estas ideas en la cabeza, ayer decidí ponerme al día con la colección nueva de Power-Man y Puño de Hierro, dos personajes que me han interesado entre poco y absolutamente nada. Y que buena decisión fue, porque la nueva colección de los antiguamente conocidos como "Héroes de alquiler" es una buddy movie maravillosa. Como si Bud Spencer y Terence Hill protagonizasen un cómic de superhéroes. Como si Shane Black decidiese escribir tebeos.

Hay muchas cosas muy top en este cómic, desde la dinámica entre los dos personajes principales, que a pesar de caer en ciertos lugares comunes no deja de funcionar por ello, como la dinámica con sus villanos. La ambientación más "urbana" del cómic permite al guionista David Walker rescatar muchos de los villanos de quinta olvidados del universo marvel. Aquellos mercenarios locos y estrafalarios que trabajaban para señores del crimen en la páginas de Daredevil o Spider-Man años atrás y cuyos enfrentamientos con los héroes apenas llegaban a un número. Esa estrafalaria colección de villanos, junto con unos argumentos ligeros bastante alejados del cómic tradicional de superhéroes funcionan de maravilla para la colección y la dotan (gracias también al trabajo de su dibujante, Sanford Greene) de un tono muy particular y fantástico. Me he encontrado riendo fuerte con esta colección, que es una cosa que no me pasa habitualmente, pero es que el humor aquí funciona muy bien.

En general Power-Man y Puño de Hierro responde a esta nueva ola de cómics Marvel en la que llevamos viviendo algunos años ya y que incluye rarezas como la nueva colección del Doctor Extraño, Vision, Ms.Marvel, la serie de la Bruja Escarlata y un largo etcétera. Series que se alejan de los tropos clásicos del género sin abandonarlo del todo, que exploran historias diferentes y que parecen nuevas y frescas. Y... sí, en casos como el de esta serie no es que reinventen nada, porque al final esto no deja de ser una buddy movie (no quiero usar el termino movie para hablar de cómics pero no se como llamarlo) muy tradicional, con dos personajes opuestos teniendo que colaborar a regañadientes al principio pero que terminan siendo buenos compañeros. No deja de ser la misma mierda que Arma Letal, El Último Boy Scout o, yéndome a los peores ejemplos del subgénero, Shangai Kid o Hora Punta. Pero es eso BIEN HECHO y para un tipo de tebeo en el que no se ve tanto.

Una lectura altamente recomendable, de verdad.

(Por cierto, no he podido encontrar la fecha de publicación en España, ¿Alguien sabe cuando llegará?)

sábado, 18 de junio de 2016

Síndrome del payaso triste



Desde que descubrí a Bill Hicks hace casi una década, ningún humorista me había gustado tanto como lo hace Bo Burnham. Su último espectáculo, que se puede ver en Netflix, titulado Make Happy es una lapidaria deconstrucción del monólogo, lo que supone actuar y hacer humor. Hasta cierto nivel parece una revisión moderna del cuento del payaso triste. Una combinación de risa y llanto que te deja la sensación de haber visto algo enorme y, a la vez, que te mata un poco por dentro.

Make Happy combina canciones estúpidas y chistes de pedos con temas serios como querer hacer feliz a los de más sin ser capaz de hacerse feliz a uno mismo. Críticas al stablishment artístico actual mientras suelta comentarios demoledores contra la nueva generación del "yoismo" y las redes sociales. Es una puta experiencia que no os podéis perder, en serio.

Su anterior espectáculo, What (supuestamente también en Netflix -aunque en Latinoamérica no está- pero este está en YouTube integro también) es mucho más humorístico, y durante gran parte de esta nueva actuación de Burnham no dejaba de pensar eso, y, en cierto modo, de disfrutar menos lo que veía por ello. Los chistes parecían más manidos y que funcionaban mucho menos. No es hasta la última parte que uno entiende porque es eso, y uno entiende la grandeza de Bo, un tipo que da miedo el talento que destila. No es hasta el final que te das cuenta de lo sumamente superior que es este con respecto a su predecesor.

Si sois capaces de disfrutar BoJack Horseman, os recomiendo encarecidamente que le deis una oportunidad a Make Happy. Porque es una hora de vuestra vida bien aprovechada y el mejor espectáculo de comedia reciente que podéis ver. Bo Burnham se ha confirmado para mi como el mejor humorista vivo, y la mayor pena (además de la lastima que siento por el tipo) es no saber que opinarían de él otros grandes como el mencionado Hicks (con el que siento que -siendo el espectáculod e Burnham mucho más teatral- comparte muchas cosas) o Carling.

Esta es una entrada muy breve, lo sé, pero es que no tengo mucho más que decir. Estoy en mi casa con el espectáculo recién visto, y más que de seguir escribiendo, de lo que tengo ganas es de levantarme y aplaudir hasta que me duelan las manos.

jueves, 2 de junio de 2016

Héroes y Villanos

Por tema de entregas tengo un desfase horario tremendo, lo que me ha llevado esta madrugada a ver dos películas españolas; Anacleto: Agente Secreto y Los Héroes del Mal


La primera supuso la cuarta película de Javier Ruiz Caldera tras Spanish Movie y las aclamadas Promoción Fantasma y Tres Bodas De Más. Yo solo he visto esa última, que me pareció bien pero que tampoco me encantó, mis problemas con la cinta protagonizada por Inma Cuesta fueron principalmente que no es una comedia de carcajada (tiene algún momento así, especialmente en la boda del pueblo) y, sobre todo, su final, que siento que destruye un poco el supuesto mensaje feminista que parecía estar construyendo y por la que fue tan aplaudida en su momento (la protagonista está en una posición de poder laboral, parece tomar sus propias decisiones, pero al final necesita el empuje del hombre que de verdad la valora y que termina de darle ese empujón de confianza y seguridad que necesita). Esta Anacleto: Agente Secreto, sin ser la octava maravilla, me parece que funciona realmente bien, gracias en gran medida a unos actores en estado de gracia y que caen simpatiquérrimos. Quim Gutierrez quizás sea el que está más flojo, pero no es por él si no porque su papel es el mismo papel en el que le hemos visto siempre, y sí, lo hace bien, y funciona, pero Resines haciendo de Resines también y nos quejamos. Si tengo que buscarle una pega a la película es que la trama es funcional y existe solo para empujar las situaciones, algo que no me importaría tanto si no fuese porque siento que debido a ello Carlos Areces y su personaje se quedan un poco a medio gas por ello.


La segunda película que he visto hoy es el debút del director Zoe Berriatúa. Y se nota. Los Héroes del Mal es una película con grandes ideas pero con muchísimos problemas en su desarrollo. Es pretenciosa y quiere parecer más inteligente de lo que es, las actuaciones son muy irregulares, no solo porque los actores sean unos mejores que otros, si no porque dependiendo de la escena a veces sus protagonistas están brillantes u horribles y siento que la trama tarda casi dos actos en presentar sus temas centrales, y que el tema central de la película es mucho menos trascendental de lo que su inicio aventura.

La película sigue a, principalmente, dos chicos y una chica, adolescentes, que hartos de ser unos apestados sociales empiezan a jugar con los límites de la moralidad, la ética y la legalidad. Una historia así invita ya desde su planteamiento a la reflexión, y en algunas escenas parece querer jugar con eso, con responder a preguntas con "¿Dónde está el límite?" o "¿Puede ser un acto malo, bueno?". El problema es que pasado el primer acto el dilema moral desaparece y se convierte en un thriller medio psicológico (sin querer entrar del todo en ese terreno tampoco) y una historia con un héroe claro y un villano claro. Quizás su final desdibuja las líneas y la libre interpretación que se puede hacer de la última escena plantea más preguntas de las que responde, pero es una pena que una idea tan compleja termine saliendo una película, en gran medida, tan insustancial. 

Pero eso no quita para que no sea una cinta con algunas imágenes poderosas y algunas reflexiones, que, si bien son superficiales, no dejan de servir para plantearnos ciertas cosas, en cierta medida por ejemplo, siento que todos hemos deseado en algún momento comportarnos como los niños de esta película. Como debút no es un gran debút, pero tampoco es uno horrible. No he visto ninguno de los otros trabajos el director, pero sin duda me gustaría ver otro largo suyo.





Hacía tiempo que no hacía una sesión doble. Me gustan las sesiones dobles, y era una cosa que antes hacía mucho. Esta ha sido una sesión un tanto atípica pero que me ha demostrado, como todas las pocas veces que me fuerzo a ver cine patrio, que el cine en España vive una época muy buena. Porque quizás sus películas no sean las mejores (esta Los Héroes del Mal es definitivamente mediocre -no es mala pero tampoco es buena) pero al menos los géneros y las barreras están siendo explorados, y eso es una cosa muy buena. También ayudan plataformas como Netflix (no se si estás películas están en el de España pero en el de Colombia las pusieron hace poco), que dan visibilidad a un cine que de otro modo, a no ser que las buscase ilegales, no tendría acceso.

lunes, 30 de mayo de 2016

El hombre perfecto


Paco Cabezas, conocido director andaluz por sus trabajos en la película Carne de Neón y, principalmente, la serie Penny Dreadfull dirige Mr.Right, una comedia romántica de acción escrita por Max Landis y protagonizada por dos de mis actores más queridos, Anna Kendrick y Sam Rockwell. La premisa es que un asesino profesional reconvertido en justiciero atípico (Rockwell) conoce a una chica algo extraña (Kendrick). Ambos se enamoran pero el pasado de él vuelve para joderles un poco el día.

Con ese argumento, esos dos protagonistas, ese guionista (que es un vendehumo pero siempre me interesa ver que escribe) e incluso ese director (a mi me gustó Carne de Neón, qué pasa), esta película me tenía que gustar. Y sí, me ha gustado. Es una estupidez, y no es buena, pero es muy muy simpática y muy muy carismática, algo que por otra parte era lo mínimo que esperaba de la pareja protagonista. Rockwell y Kendrick son dos de los actores que mejor me caen y me parece que ambos sudan carisma. Si algo es destacable de esta película es la química que hay entre ellos y cómo, a pesar de lo disfuncional que resultan sus personajes (especialmente el de ella) funcionan genial en pantalla. Son divertidisimos y vería una serie entera de diez temporadas protagonizada por estos personajes, porque así de bien te terminan cayendo.

Los diálogos funcionan muy bien por lo general, igual que las breves escenas de acción, que sin ser nada espectaculares, resultan divertidas y dinámicas gracias al modo de luchar del protagonista, sacado directamente del anime Cowboy Bebop. Pero si tengo que destacar algo, por sorprendente es el papel de RZA. El miembro de Wu Tang Clan demuestra una vez más aquí, como ya había hecho en Californication, que se mueve mucho más cómodo en la comedia que en el drama, y su personaje resulta ser uno de los secundarios robaescenas de la película. Pasa lo contrario con Tim Roth, que está funcional y ya, algo que es una pena siendo como es un actor que puede ofrecer muchísimo más.

Podría destacar muchos problemas que tiene la película, como que el argumento no tiene ningún puto sentido, que no profundiza en casi ninguna idea que plantea, que la evolución de el personaje de Kendrick pasa un poco "porque sí" o que muchas de las escenas se resuelven más gracias al chiste que otra cosa... pero no quiero porque sinceramente creo que no es una película que deba ser tomada tan en serio. En general Mr.Right es una película muy pequeña que a mi me ha parecido jodidamente divertida. Una comedia romántica que funciona muy bien  y merece que le deis una oportunidad si tenéis una tarde de domingo aburrida.

¿Es perfecta?

No, claro que no. Está lejos hasta de ser buena. Pero a mi me ha entretenido mucho.

(La tenéis en Netflix, por cierto)

miércoles, 25 de mayo de 2016

Espíritu Adolescente



No debería estar escribiendo esto.

Son las doce y estoy haciendo unos trabajos que son para mañana, y no debería parar para escribir estas líneas... pero no creo que me lleve mucho tiempo y la ocasión lo merece.

Soy más benevolente con la música que con otras formas de arte. La razón principal para esto es que no tengo literalmente ni puta idea de música. O sea... sé de "datos chorra" musicales, conozco discos y grupos clásicos y, por regla general, no me considero una persona con mal gusto. Pero no toco ningún instrumento, ni canto bien, ni es algo que haga, así que realmente no tengo ni puta idea de música. Lo que no deja de ser irónico cuando de lo que más he "trabajado" como escritor ha sido de crítico musical... pero eso es otra historia para otro día.

El caso es que esta ignorancia musical que tengo hace que para mi la música (dentro de que creo que tengo un estandar mínimo) se divida en dos categorías; Cosas que me gustan y cosas que no me gustan.

Parece una tontería esto que estoy diciendo, pero en los medios audiovisuales tengo, por ejemplo, muchas más categorías. Hay obras cuyo valor puedo reconocer y que no me gusten, o que lo hagan siendo consciente de que no valen nada, o de las que pueda apreciar ciertas cosas pero entienda todos sus errores... en cambio en música no pasa eso. En música o me gusta o no me gusta.

Y hoy quiero dedicar unas líneas al último disco que me ha encantado: Funs Cool, de The Prettiots.

The Prettiots son un ¿duo? ¿trio? (antes sé que eran tres pero ahora no estoy 100% seguro) de chicas que hacen música muy tranquila, muy suave, y con unas letras que apelan a la adolescencia con temas, principalmente sobre el desamor, la tristeza, la melancolía y la felicidad dentro de esos estados de mierda. Sus letras son básicas, sencillas y van al grano. Me recuerdan en muchos sentidos a lo que escribía (¿escribe?) Kimya Dawson. No hay dobles sentidos, no hay metáforas.

Y jo... a mi me gusta mucho. Quizás es porque incluso a mi edad e incluso después de haber pasado página del todo, miro a mi adolescencia siempre con una nostalgia tremenda, como una época más feliz, y todo lo que me retrotrae a eso tiende a encantarme, pero lo que hacen estas chicas me parece buena mierda, en serio. Temas como Hope Yr Happy, 18 Wheeler, Suicide Hotline, o la que siento que es su canción más referente Boys (That I Dated in High School) me parecen maravillosos. Sencillísimos en el mejor sentido.

En serio, gran primer largo de estas chicas. Echadle una escuchada si podéis (está en Spotify) que merece la pena fuerte.



(sí, entrada muy corta, pero ya he dicho que no se de música así que tampoco me podría extender mucho aunque quisiese)

(por cierto, las siguientes entradas van a ser sobre Zootopia y Moon, que las vi el otro día, pero para esas sí necesito algo más de tiempo)