martes, 21 de abril de 2015

Gays y Fails (o "Ice, Ice, Baby")


No quiero escribir esta entrada. En cualquier otro caso no la escribiría. Creo que dar bola a la orientación sexual o la raza de un personaje de ficción es una chorrada y que sea noticia que tal o cual superhéroe sale del armario, o que han decidido escoger a un actor negro para interpretarlo en la gran pantalla y el es blanco en los cómics, o vaya usted a saber que otra tontería me parece una perdida de tiempo. Y sin embargo aquí estamos, hablando de ello.

Resulta que se ha anunciado ahora (hace un rato de hecho) que el Hombre de Hielo va a salir del armario en el siguiente número de All-New X-Men. Y eso es raro. Mucho. Y es malo. Mucho. Si no fuese un epic fail no estaría hablando de ello.

Para poneros en contexto (y aquí llega un contexto friki así que intentad no perderos), All-New X-Men es la serie que sigue a los cinco X-Men originales del pasado en nuestro presente. El caso es que Bestia, agobiado porque Ciclope estaba convirtiéndose en un supervillano y parecía querer ser el nuevo Magneto (aunque al final se ha quedado en nada de nada) decidió buscar a sus versiones pasadas para hacerle la de Scrooge e intentar que entre en razón. Resumiendo todo un poco, la cosa salió jodida y los X-Men originales se quedaron atascados en nuestro presente (su futuro). Esto por supuesto ha provocado diversos cambios en la dinámica de los personajes. Saber que las cosas iban a salir de un modo determinado les ha ayudado a despertar sus habilidades latentes (en el caso de Jean Grey, por ejemplo) así como comprender que su amor no tenía sentido porque iba inevitablemente a fracasar para después tener una especie de semi relación amorosa con el clon femenino de Lobezno (en el caso de Ciclope -sí todo es muy raro en los cómics, a ver, no os perdáis).

El último de estos cambios es el de cambiar de orientación sexual al Hombre de Hielo adolescente, eso sí, han querido dejar claro que nuestro Hombre de Hielo, el que lleva toda la vida con nosotros y con el que hemos vivido tantas aventuras sigue siendo completamente heterosexual. Y aquí es donde, para mi, empieza el problema. Entiendo las maniobras para dar voz a las minorías y generalmente estoy completamente de acuerdo con ellas. La comunidad gay es grande y no puede ser ignorada por la cultura pop o reducida a una serie de estereotipos negativos. No tengo nada en contra con que superhéroes salgan del armario, ha ocurrido muchas veces antes y no me parece malo. Lo mismo me pasa con la presencia de héroes de otras razas o incluso (porque por desgracia aún son minoría) de series centradas en heroínas interesantes y bien construidas. Todo eso está bien. Esto no. Esto manda un mensaje muy jodido si lo piensas dos minutos.

Al final lo que está diciendo Marvel es que El Hombre de Hielo fue gay (o al menos se sentía atraído por hombres) en un momento determinado y decidió dejar de serlo en algún punto. Y digo lo de decidió porque recordemos, este Bobby Drake adolescente es la versión adolescente de nuestro Bobby Drake. No viene de otro universo, no viene de una tierra paralela, es (o al menos así nos lo dijeron al principio) a todos los efectos exactamente el mismo personaje al que llevamos siguiendo años. Marvel está diciendo que ser gay es una cosa que se elige, que se puede escoger ser hetero. Ya sé que no es su intención, ya sé que su intención es hacer un cómic más políticamente correcto y que integre minorías, lo que partiendo de la base de que estos son unos personajes creados a mediados de los 60 arrastra de base una serie de complicaciones importantes (tales como que todos son blancos y solo hay una mujer), pero es que esto es un epic fail del carajo.

No puedo ser el único que ve que esto es un error ¿no? Si estuviésemos hablando de un Hombre de Hielo alternativo no habría problema, pero es que estamos hablando de que el mismo personaje puede ser gay y hetero al mismo tiempo. Están forzando tanto la corrección política que terminan resultando ofensivos sin querer.

El hombre sin miedo.


Las adaptaciones de cómics, al menos en lo que respecta a las adaptaciones de imagen real, en televisión han estado bastante mal todas, la verdad. No me voy a hacer el loco ahora y decir que no me tragaba Lois y Clark ni Smallville, o que no veo ahora Arrow o Flash, pero a pesar de verlas no tengo reparo en reconocer que son unas series bastante de mierda. Y porque iba a ser de otra manera ¿no? al final el presupuesto televisivo es el que es, y las empresas que deciden arriesgarse y apostar por personajes de tebeo no son nunca las productoras con más dinero. Nunca verás una serie de Superman en HBO, ni una serie sobre El Castigador en AMC. No, por supuesto que no.

Y así nos va, que tenemos series hechas en cadenas de segunda por showrunners a los que les da igual todo. El archienemigo de Arrow y Flash es su cadena, CW, no os engañéis. Son ellos los que fuerzan el culebrón adolescente en esas series. Sí, en los cómics siempre ha existido, es verdad, pero ni de coña ha tenido nunca tanta importancia ni ha sido tan loco. Pero viene de la cadena que nos trajo Pequeñas Mentirosas y Gossip Girl ¿Qué esperabais? Los fans tenemos que conformarnos. Ver The Flash como algo bueno y decir cosas como "bueno, a ver, para el presupuesto con el que trabajan está bastante bien" en lugar de criticar las obvias decisiones equivocadas que hace la serie. Porque nunca habrá nada mejor y es mejor esto que nada.

¿O no?

Hace un año se anunció que Marvel había apalabrado cuatro series con Netflix. Cuatro que se juntarían en una quinta al estilo Vengadores. Su idea era aprovechar la televisión para contar las historias de sus héroes locales, sus vigilantes, esos que en lugar de amenazas cósmicas se enfrentan a gangster y matones. Y hace apenas 11 días lanzaron la primera, Daredevil, y los fans aprendimos que las cosas, en efecto, podían ser de otra manera.

Daredevil está lejos de ser una serie perfecta. A pesar de ser tan breve pincha y se pierde un poco a la mitad y durante dos o tres capítulos vaga un poco sin rumbo. Además no todas sus historias son igual de interesantes, ni todos sus actores igual de buenos. Personalmente, el personaje de la secretaria me pareció muy molesto y su historia (salvo en momentos puntuales) tampoco me interesó tanto. Pero es que comparado con lo que hemos visto hasta ahora, comparado con el nivel al que se jugaba hasta este momento, esta serie es The Wire.

La serie de Netflix aprovecha su primera temporada para narrar dos origenes. Por un lado el del llamado "Hombre sin miedo" y por otro el de su archienemigo, Wilson Fisk, y su transformación en el monstruo criminal que conocemos de los cómics. Y es un acierto y una novedad que un producto de superhéroes en la pequeña pantalla, y más aún uno de Marvel (que sabemos que no es muy dada a trabajar sus villanos por desgracia) dedique tantos minutos al enemigo. No humaniza pero si ayuda a comprender que hay detrás de esa mole calva. Que es lo que le mueve y porque es como es. El viaje de los dos rivales es igual de interesante y funciona igual de bien, y eso no podría ser así sin el trabajo de los actores que los interpretan. Vincent D'Onofrio borda un Kingpin atípico, que se nos presenta como alguien humano y relativamente vulnerable en continuo conflicto consigo mismo y el monstruo que lleva en su interior, mientras que Charlie Cox clava a un Matt Murdock primerizo que lucha consigo mismo por aplacar al demonio que tiene dentro.

A ellos les acompaña una envidiable ristra de personajes secundarios, Elden Helson tiene muchisima química con Cox y su amistad resulta de lo más creíble, Rosario Dawson, aunque su personaje queda un poco desaprovechado, está también muy bien, igual que Ayelet Zurer como la extraña Vanessa (uno de los mejores personajes) y Vondie Curtis-Hall como Ben Urich. Por fin tenemos una serie de superhéroes con actores de verdad y no modelos de Abercrombie intentando leer frases cual simios amaestrados.

Pero nada de esto importaría si la acción no funcionase, y vaya si funciona. Netflix no tiene restricciones de edad y Marvel se aprovecha de ello en cada puñetazo que da (y recibe -porque vaya si recibe) Daredevil. Huesos rotos, sangre por todas partes... y todo con unas coreografías fantásticas y un trabajo de cámara espectacular. Solo la escena del pasillo del segundo episodio ya tiene más calidad y está mejor pensada que nada de lo que ha hecho CW en tres años. Y hay varios momentos así.

A pesar de todo, como he dicho, Daredevil no es una serie perfecta y a la mitad pincha. Remonta un poco al final y sus dos o tres últimos episodios son muy buenos, pero tiene un bajón de ritmo demasiado grande tras la pelea con Nobu. Es muy valiente lo que intentan en esos episodios (son episodios en los que Matt apenas se pone el traje y en los que la serie aprovecha para desarrollar a sus personajes y esas cosas) pero el bajón de ritmo es demasiado repentino y pronunciado como para que no lo contemos como "malo". Pero es una cosa. Un pequeño fallito que lo aleja de la perfección y de la calidad de las grandes series de la historia. Sigue siendo, a pesar de eso, el Caballero Oscuro de la televisión.

Tengo muchas ganas de ver que hacen con Jessica Jones, sobre todo porque el villano de esa va a ser El Doctor.

jueves, 9 de abril de 2015

La televisión no es para mí


Ayer, en vista del éxito de audiencia, decidí darle una oportunidad a Ocho apellid...digo Allí abajo, la nueva serie de Antena 3. Como las comparaciones son odiosas, más allá de ese chiste no volveré a mencionar la comedia de Emilio Martínez Lázaro, que sin parecerme la apoteosis cómica al menos me sacó una sonrisa de vez en cuando y consiguió el milagro de que un tipo como Dani Rovira no me diese ganas de vomitar. Pero, como mínimo, merecía un comentario, ya lo siento. Esta serie nace a raíz del éxito de aquella película, por más que la idea estuviese pensada de antes. De no haber existido aquella película es poco probable que tuviésemos esta serie.

Y todos seríamos más felices.

Allí abajo es una serie muy mala. De humor muy cuñao y de tópicos medievales. No me importan los tópicos si están bien hechos, soy el primero que es capaz de reírme de mí mismo y como vasco la verdad es que tenemos muchas cosas con las que hacer chistes. Somos brutos, somos cerrados, somos una sociedad absolutamente matriarcal, estamos enamorados de nuestros amigos y hacemos deportes absurdos que incluyen cortar troncos, levantar piedras y jugar al frontón sin raqueta. Y eso sin mencionar el nacionalismo. Hay mucho humor que hacer en Euskadi, muchos tópicos de los que reírse, la serie de Antena 3, lamentablemente, no utiliza ninguno de ellos.

Euskadi en Allí abajo es una sociedad medieval en donde una de las ciudades más importantes, Donostia, está poblada de paletos que jamás han salido de su barrio y viven completamente incomunicados con el resto del planeta aparentemente. Entiendo, o quiero entender, que la idea era presentar al vasco como un hosco garrulo, el resultado, sin embargo, es que nos han pintado como a una suerte de Paco Martinez Soria en La ciudad no es para mí pero, ya sabéis, muy enfadados siempre. Porque eso es muy de las mujeres vascas, estar muy enfadadas siempre. Y bendecir autobuses. Eso también es muy vasco.

No os voy a engañar, no aguanté el episodio entero. Fui incapaz. Como siempre, la productora, en un alarde de genialidad, pensó que era una gran idea hacer un episodio de comedia de hora y diez minutos, algo que cualquiera que esté medio acostumbrado a ver series de verdad sabe que es de locos y en esta serie se traducía en que, después de aguantar medio episodio (tal cual), tuve que quitarlo por agotamiento justo en el momento en el que empezaba la trama de verdad. Apenas vi, por tanto, a la coprotagonista, Maria León. Y apenas vi Sevilla, claro. Porque tardan más de veinte minutos en llegar, porque es imprescindible pasar tanto tiempo en Euskadi cuando la serie se ambienta en el sur, y presentar a todos los amigos durante veinte minutos cuando la coprotagonista no ha aparecido. Quiero pensar (porque quiero ser una buena persona) que esto no es culpa ni de los guionistas, que serán unos mandados, ni del director, que será otro, que la excesiva duración viene por culpa de una cadena de televisión que no entiende como debería funcionar el prime time en España y a la que cosas como ritmo narrativo o contar una historia bien son conceptos extraños que no conoce y no le importa no conocer.

Pero ese medio episodio me sirvió para hacerme una idea clara de por donde iba a ir la serie. Además de los tópicos de troglodita (porque eso no eran chistes de vascos, lo siento) la serie tardó dos minutos en Sevilla en meter un chiste de Semana Santa y cofradías, la mitad del humor andaluz se basaba en lo simpático, rápido y raro que hablaban sus personajes, y hasta me dio tiempo a ver a Mariano Peña (que es DE HUELVA, joder) pasándolo con su acento andaluz tan mal como Eva Gonzalez con su acento castellano, y haciendo un ridículo espantoso por el camino, claro. El protagonista, Jon Plazaola, no se muy bien que estaba intentando hacer tampoco ¿Soy el único que pensó que esta serie tenía que estar protagonizada por Gorka Otxoa?

Vamos... que todo muy mal.

Sin embargo la serie se ha coronado como el mejor estreno de la historia de la televisión, por delante del histórico estreno de Aída. Un éxito sin precedentes, que, de nuevo, pone en evidencia la verdad absoluta de que al parecer la televisión no es para mí. Si debiera o no serlo es una discusión más larga en la que ya si eso entramos otro día.

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿Está mal la portada de Batgirl?

Esta semana ha empezado calentita en el mundo del tebeo, con DC tomando la no exenta de polémica decisión de retirar la portada alternativa para el número 41 de Batgirl, que formaba parte de la colección de portadas que DC había decidido dedicar al Joker por sus 75 años. La portada en cuestión era esta:


Quiero dejar claro que yo no tengo nada en contra de esta portada realmente. A mi me gusta. Es dramática, es dura, y desde un punto de vista artístico es cojonuda. No comparto pues la decisión de DC de retirarla, pero aunque no la comparta y no este de acuerdo con ella, sí que la entiendo.

Para los no iniciados en los cómics hay que poner un poco esta portada en situación. En 1988 DC publicó una historia llamada The Killing Joke o La Broma Asesina como se conoció por aquí. En ella, Alan Moore, el guionista, exploraba la relación entre Batman y Joker, como el murcielago sabía que, inevitablemente, la única manera en la que aquello terminaría sería si uno de los dos moría y como no deseaba eso, así como también presentaba a un payaso más pasado de vueltas de lo habitual que decidía secuestrar y torturar al comisario Gordon. Para ello, a parte del puro secuestro, lo que hizo el Joker fue ir a buscar a casa a Barbara Gordon, hija del policía y álter ego de Batgirl. Aquí es donde la cosa se pone polémica porque a parte de pegarle un tiro y condenarla (hasta hace más bien poco) a una silla de ruedas, lo que después forzaría a Barbara a adoptar la identidad de Oráculo y liderar a las Aves de Presa (pero eso son otras historias),  presuntamente la violó. Digo presuntamente porque no estoy seguro de que jamás se haya confirmado eso, aunque en 2013 salieron unos originales alternativos de las páginas en donde se sugería esa idea en donde la cosa quedaba si cabe más sospechosa. Aquí os dejo un enlace a una noticia que habla sobre dichos originales y muestra la página tal cual fue publicada.

Para muchos sin embargo nunca ha habido dudas, el Joker violó a Barbara Gordon y la dejó condenada a una silla de ruedas. El origen de Oráculo es por tanto y de lejos uno de los más perturbadores orígenes de la historia de los tebeos, algo que además era completamente opuesto al origen original de Batgirl, mucho más positivo, en donde Barbara Gordon simplemente decidía volverse superheroína porque tenía las habilidades y quería hacerlo. En cualquier caso, esta portada está homenajeando, por la vestimenta del Joker, a ese momento particular de la historia del personaje, con lo que la polémica surgida a raíz del dibujo no tiene que ver con la derrota de Barbara si no con presentar a una mujer a punto de ser violada. Ella es la victima en esta portada y no hay nada en este dibujo que deje a Batgirl en una situación positiva. Y esto no es una opinión o una interpretación, es un hecho, y es lo que ha provocado que muchas personas alcen la voz.

A este hecho, hay que añadirle que desde el número 35 de Batgirl la serie ha tomado una dirección nueva. Cambió al equipo creativo al completo y re-oriento a la superheroína y la enfocó a una audiencia más femenina y joven. Si leéis el último arco (que es bastante interesante por cierto) de "las aventuras de Barbara Gordon en la ciudad de los hipsters molones" os encontraréis con algo que mezcla Veronica Mars con Buffy y se centra mucho más en las relaciones de Batgirl con sus amigas/ligues etc de lo que otras series del género se centran. Esto también es un hecho, no es una opinión o que yo crea o yo piense que DC está orientando la serie a eso. No. Es lo que están haciendo.

Así que repasándolo todo tenemos una portada en la que la heroína del cómic es la victima y se homenajea a los momentos previos a que sea (presuntamente) atacada sexualmente sin presentar nada positivo o que la haga parecer una mujer fuerte, que pertenece a una colección cuyo público es (o al menos es lo que busca) a la mujer de entre 13 y 20 años. Y eso que ni siquiera se me ha ocurrido compararlas con el resto de portadas homenaje al Joker como si han hecho en este sitio.

Insisto, a nivel personal, no creo que haya nada intrínsecamente malvado en la portada, de hecho creo que es bueno perturbar a la gente de vez en cuando y si la decisión hubiese sido mía, si yo fuese quien tenía que decidir si esto salía publicado o no, obviamente lo hubiese publicado. Es el mismo caso que con el final de The Amazing Spider-Man 2 y la muerte de Gwen Stacy, estoy a favor de que, de vez en cuando, las cosas sean más duras, perturbadoras y negativas, sobre todo si van orientadas al público joven. Pero más allá de lo que a mi me parezca o me deje de parecer, entiendo la decisión. No solo a nivel comercial de retirarla. No creo que esté haciendo apología de nada, y no creo que herir sensibilidades sea algo malo, pero esta es una portada para un cómic que debería inspirar a las niñas y mujeres jovenes y es una portada en la que la mujer está siendo la victima y nada más.

Hay un cliché en la cultura pop, uno de los negativos, como la dama en apuros o la alternativilla interesante llamado la mujer en la nevera. Esté cliché se originó en un número de la colección de Green Lantern cuando Kyle Rayner, el Linterna Verde que la protagonizaba entonces, volvió a su casa para encontrarse a su novia descuartizada en la nevera. Básicamente los que hablan del síndrome de la mujer en la nevera lo describen como "el uso de la muerte o la lesión de un personaje de cómic femenino, como un recurso argumental en una historia protagonizada por un hombre". Es un cliché común, y más en los cómics, y lo que le pasa a Barbara Gordon en La Broma Asesina no deja de ser eso.

¿Está mal? No. No creo que esté mal. Y no me parece bien retirarlo. Pero entiendo que hay que tener en cuenta todas las opiniones y los hechos. Y los hechos son los que he intentado mostrar aquí. A mi no me parece que esos hechos tengan suficiente importancia como para andar censurando nada y estoy completamente a favor de la portada, pero entiendo la lógica detrás (y la comparta o no me parece mal tampoco) de la decisión que ha tomado DC con respecto a la portada.





EDITADO: Me entero ahora (manda cojones también teniendo en cuenta el tono de mi entrada) que Rafael Albuquerque, autor de la portada, y DC comics decidieron retirar la portada en solidaridad por aquellas personas que habían protestado contra la misma y habían recibido amenazas por ello. Vaya tela. Ahí si ya entramos en otras movidas y ahí ya sí estoy de acuerdo con la decisión de DC. Aquí todo más explicado

CINE: Negociador (2014)



La última película de Borja Cobeaga, de cara al público y a pesar de su distribución minoritaria, se enfrenta a dos problemas fundamentales que ni siquiera es culpa del director Donostiarra, y es que la cinta se está vendiendo, primero como comedia y después como una comedia sobre las negociaciones que mantuvo el Partido Socialista con la banda terrorista ETA durante el llamado Proceso de paz. Personalmente creo que no es ni una cosa ni la otra, o, más bien (porque sí, de acuerdo, yo también la llamaría comedia, y la verdad, sí habla de dichas negociaciones) esos no son los aspectos más destacados de la película, y me parecen aspectos que pueden tirar para atrás al público.

Para empezar, aquellos que vayan esperando la nueva comedia del guionista de Ocho Apellidos Vascos, y busquen encontrarse con algo en la línea de sus anteriores trabajos, Pagafantas y No Controles, van a salir decepcionados. Negociador es una comedia triste. No es una comedia de carcajada y gag. En esta cinta no se busca el chiste o el humor fácil, la gracia surge de presentar situaciones sumamente ridículas que les ocurren a personajes relativamente tristes. Tiene más de los cortos de Cobeaga La primera vez y sobre todo Eramos Pocos que de sus dos películas anteriores. Manu Aranguren (genialmente interpretado por el relativamente infravalorado Ramón Barea), el protagonista de la película, no es ningún héroe. Es un tipo solitario y sencillo, que se pelea con la tecnología más básica, que no sabe idiomas, que va desaliñado y no se sabe hacer el nudo de la corbata. Y sus motivaciones no son (obviamente sí pero no son las principales) acabar con la violencia si no con el conflicto. Acabar con eso que nos lleva dividiendo a los que vivimos en el País Vasco (perdón, Euskadi, no vayamos ahora a tenerla por la terminología) desde hace 40 años. Es un buen tipo lleno de buenas intenciones, quizás no el más indicado para el trabajo para muchos, pero sin duda el tipo que se necesita ahí.

Durante la primera parte, que dura hasta la segunda negociación, Cobeaga prácticamente evita entrar en temas políticos. Obviamente estos están ahí, no se puede evitar por completo la política cuando es de lo que se está hablando, pero lejos de centrarse en lo que se dice en la negociación se centra en el conflicto personal entre los dos representantes de ambos bandos. No se nos presenta a los otros como unos monstruos sin corazón, nuestro primer contacto con ellos, y el contacto que tenemos durante más de media película, es la de un tipo, que, en otras circunstancias, sin bandos ni odios ni muerte ni nada, sería un tipo con el que igual hasta nos apetecía tomar una cerveza. Y eso es bueno. Buscar al humano dentro del etarra me parece valiente y lo entendí como una parte del mensaje principal que inunda toda la cinta, un mensaje conciliador y positivo que, como digo, se centra en el aspecto más fratricida del problema.

Toda la primera parte es puro Cobeaga, sobre todo la secuencia que ocurre en Domingo. Si estáis familiarizados con el cine del Donostiarra esos dos momentos, el de los tres en el coche y el de los tres derrotados en el bar del Hotel, sabréis que son puro cine de este director. Es su seña de identidad, situaciones absurdas para personajes atípicos y relativamente tristes. No se regodea (tampoco es que esa secuencia invite a ello, no tanto como otras que hay en la película al menos -como la de salir a correr o la escena con la prostituta) en el patetismo de sus personajes, si no que se centra en presentarlos lo más humanamente posibles. En el fondo, mirado desde fuera, hasta el tema más serio es una cosa ridícula, porque el humano es, en el fondo, un ser ridículo. Esto es una cosa que, desde mi personal punto de vista, ha llenado siempre en mayor o menor medida el cine del director vasco. El humanismo más puro y más triste, sin ensañarse, como otras comedias tipo Los padres de ella, en ese cierto patetismo absurdo y tan humano. Quizás por su temática la que más se regodeaba en ello era Pagafantas, pero incluso en esta (o al menos así la vi yo) la película no buscaba que te rieses del personaje de Gorka Otxoa, si no que empatizases con él. Era un ridículo circunstancial, un ridículo que a muchos, en una situación parecida, nos ocurriría exactamente igual. Y en esta Negociador pasa parecido. El personaje de Barea es un pez fuera del agua, pero la película no quiere que te rías con él, si no que empatices. Uno de los mejores momentos, o al menos que más me gustaron, es el plano de los tres derrotados en el bar, porque es el momento en el que vemos que más allá del rol que representan en la negociación, simplemente son tres tíos normales, tres humanos corrientes, en una situación rara.

Y entonces empieza la segunda parte, que es la parte verdaderamente política de la película, en donde esta acelera de verdad y en donde se reservan, si no los momentos más divertidos en un sentido cómico, aunque fue en una de estas escenas el único momento en el que se escucharon un par de carcajadas en el cine en el que estaba (no diré en que momento pero si veis la película os lo podréis imaginar), si no divertidas por su intensidad. A partir de la segunda parte, que abarca el último tercio de la cinta, la cosa se pone tensa y nos metemos de lleno en esa realidad que el director ha evitado tocar los otros dos tercios. Porque por más que quiera centrarse en la parte más personal y humana, al final el conflicto vasco eran más cosas, eran unos tipos que andaban por ahí matando a gente. Cobeaga sabe esto, sabe que lo ha estado evitando, y decide meterte todo en los minutos que le quedan. Ambas partes, sin embargo, casan bien, o al menos a mi me dio esa sensación. Para lo poco que tienen que ver entre sí, en temas de ritmo y tono (pausado y esperanzador a acelerado y puramente dramático), no sentí que fuesen dos cintas diferentes si no que entraba bien en el discurso que, creo y que a mi personalmente me pareció que estaba intentando dar el director. En esta parte hay que destacar, como casi siempre, a Carlos Areces, que entra como una fuerza de la naturaleza en la cinta y está fantástico e impredecible. Cada escena en la que aparece es oro. 

Al final además, tras ese acelerado torbellino dramático, se reserva una escena que cierra en más de un sentido la película y que lo hace desde el punto más sincero y esperanzador que se podía, al menos según lo que nos lleva queriendo decir toda la película. De hecho es que son la primera escena de la película y esta última los dos momentos que más me llegaron a nivel emocional y que por mínimos (se basan en un par de gestos) creo que funcionan mejor.

Negociador es una película que creo que es recomendable para todo el mundo, pero especialmente si eres vasco. El resto de habitantes de la península podrán disfrutarla también, pero creo que a nosotros, por esa manera que tiene el director de centrarse en las personas, nos toca más cerca y la vamos a entender mejor. Los actores están todos bien, Barea y Areces especialmente, y me gusta ver que Cobeaga vuelve a sus orígenes en la parte de la dirección y hace una película más mínima y más sincera, con planos más cortos y relativamente más oscuros que sus anteriores largos. Eso sí, no esperéis una comedia ni partiros de risa en plan Vaya Semanita, porque no. Esto no es eso.